La vida.
Amarga y dulce eres, habitarte es una prueba que nos hemos puesto ante Dios, aunque estar en tu senda a veces parece una condena. Con el paso de los años nos damos cuenta que debemos estar dentro de ti existiendo en un ajedrez cuyo fin es incierto, desconcertante a la vez, doloroso para quien nos ve partir. Dentro de tu seno intrigantes y manipuladores que siempre buscan destruir al hombre justo, por eso hay que actuar con inteligencia para no caer en las fauces de los malvados.
Con el paso del tiempo añoramos nuestra infancia donde estábamos en casi un constante presente y nuestras obligaciones en muchos casos era simplemente ir a estudiar, jugar y en las noches orar. Nuestros compañeros de vida eran otros chiquillos y familiares, unos estrictos, otros indiferentes y otros amables... Como olvidar aquellos amigos fieles de suave pelaje que tanto extrañamos su partida que jugaban con nosotros compartiendo su inocencia con cariñosos lamidos.
Luego llegan las mieles del amor, y nos olvidamos a veces de nosotros mismos para rendir homenaje al amado, en muchos casos el amor se nos escapa de los dedos como dice una famosa canción popular. Y es que el amor es una forma que Dios nos da para crear una alquimia con el otro generando vida o para ser una pequeña deidad por medio del acto de la danza fértil, estas creencias pueden variar por los avatares geográficos y políticos de nuestra existencia. Aunque... Esa danza puede ser perdición por convertirse en una droga altamente adictiva para quien obedece al dios ventrudo.
Cada día tiene un final incierto, por eso debemos aprovecharte para resistir nuestros males y compartir los pesares con nuestros compañeros de camino más leales, los cuales en tu existencia se cuentan con las manos de los dedos. Hombres grandes y pequeños te recorren en una bella y a veces angustiosa rutina, en una constante vigilancia de parte de un Gran Hermano.
Cierva caprichosa que saltas tan lejos o tan poco, cuando menos piensas te escapas a quien intenta poseerte, un día estás y luego huyes asustadiza, e igualas cuando somos llamados por el Señor a siervos, señores, safios y entendidos: un ángel pesa nuestras acciones en una balanza y Dios arroja a los malvados al abismo. Eso fue lo que nos enseñaron hombres de lejanas épocas constructores de pirámides y pastores de rebaños más allá de lejano Tigris y Eufrates.
Solo espero que no me abandones sin haber luchado bien por mi Dios, por los que amo, por mi país y por cultivar los dones que vienen desde arriba. Dame un beso de amor que no me lleve a la nada y algún día llegue al país de los héroes que bien sirvieron al Señor.

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